El suicidio es la primera causa de muerte entre las mujeres
La principal causa de muerte entre las mujeres españolas de 30 a 34 años es el suicidio, según una encuesta elaborada por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen)
EFE, Madrid | Actualizado 12.03.2008 - 16:23
El suicidio es la principal causa de muerte entre las mujeres de 30 a 34 años , una edad en la que se acentúan los trastornos depresivos dada la mayor exigencia laboral y familiar que sufren ellas con respecto a los hombres, y en la que el "reloj biológico" de la maternidad se niega a esperar más.
Así lo indicó hoy Julio Zarco , presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria ( Semergen ), que ha realizado una encuesta entre 1.300 pacientes femeninas y que el doctor comparó con los datos de un sondeo similar llevado a cabo hace unos diez años.
La estadística de 2006 revela que una de cada tres mujeres pide ayuda al médico por ser víctima de violencia doméstica, tanto física como psicológica, un factor que en 1999 ni siquiera aparecía entre sus inquietudes de salud.
La conclusión más destacada del estudio es que la salud de las féminas españolas " ha empeorado ", al incorporar ellas todos los hábitos masculinos sin que "se haya hecho nada más que mucha demagogia" por la conciliación laboral y familiar, apuntó Zarco.
El doctor confesó que, en el caso de ellas, se podría hablar de " la crisis de los 30 ", un momento en que la mujer se encuentra "dividida" entre las exigencias profesionales y el momento de decidir una posible maternidad, por lo que sufre ansiedad, estrés y depresión, problemas que antes afloraban en edades más adultas.
Aunque tienen una expectativa de vida más amplia -82 años-, ellas padecen "más soledad, pobreza y dependencia ", por las desigualdades en las pensiones, laborales y salariales que padecen.
Las mujeres españolas tampoco se interesaban entonces -en 1999- por la anticoncepción postcoital ni por las disfunciones sexuales , asuntos ambos que aparecen actualmente entre sus seis principales consultas por encima de otros problemas de salud.
Zarco recordó que hace una década pedían revisiones ginecológicas, presentaban alteraciones de dismenorrea o tumoraciones de mama, acudían al médico durante el embarazo y demandaban información sobre anticoncepción oral.
El doctor Santiago Palacios, presidente de la Fundación Europea Mujer y Salud (FEMS), achacó esta nueva "fotografía de la mujer" a los cambios demográficos y a la evolución cultural.
La adicción al tabaco, alcohol y otras drogas también han irrumpido en las consultas de las mujeres, incorporando hábitos poco saludables que, tradicionalmente, se vinculaban con los varones.
Los doctores coinciden en que la "liberalización" de las relaciones sexuales ha hecho que afloren nuevos temas y, así, en los últimos cinco años se han incrementado un 25 por ciento las solicitudes de la denominada píldora del día después.
Zarco dijo que hay un "incremento importante" de las enfermedades de transmisión sexual -un 17 por ciento- porque "sigue sin utilizarse el preservativo", al tiempo que aumentó un 10 por ciento el número de abortos en la última década.
La encuesta revela otro asunto novedoso, "el culto a la imagen ", que genera inquietud en las mujeres en edades cada vez más tempranas, por lo que exigen cirugía estética y sufren graves trastornos en la alimentación, tales como la anorexia o la bulimia.
La frecuencia con la que acuden al doctor ha disminuido con respecto al hombre -del 69 al 55 por ciento- y también la edad en la que lo hacen, de 55 a 32 años.
El experto destacó que ahora acuden a Atención Primaria mujeres con un "nivel sociocultural inferior", porque en 1999 el 21 por ciento tenían estudios superiores y ahora tan sólo un 10 por ciento.
El presidente de Semergen apuntó que el porcentaje de inmigrantes que demandan esta asistencia se ha incrementado un 20 por ciento en siete años, de un 12 por ciento al 32 actual.
Una de cada cuatro mujeres tiene limitada su vida por patologías crónicas , aunque el 62 por ciento piensa que goza de buena salud; una de cada tres ha visitado al médico en las dos últimas semanas y el 10 por ciento han sido hospitalizadas en el último año.
El doctor lamentó que, a pesar de que el 45 por ciento de las mujeres fallece por patologías cardiovasculares , el 25 por ciento fuma, una de cada cinco tiene sobrepeso, se ha incrementado el consumo de alcohol y sólo el 44 por ciento de las mayores de 65 se somete a un chequeo cardiovascular.
Le debemos a Emma Beck no volver a callar
Emma Beck, una joven artista británica de 30 años, se ahorcó tras el aborto de sus gemelos
Quizá el relato de su sufrimiento pueda evitar más muertes innecesarias.
Michelle Malkin
No tenía que morir. Y tampoco sus hijos nonatos. A lo largo del fin de semana, los diarios londinenses informaron del suicidio en 2007 de Emma Beck, una joven artista británica de 30 años que se ahorcó tras el aborto de sus gemelos. Quizá el relato de su sufrimiento pueda evitar más muertes innecesarias.
La agonía y la soledad presentes en la nota de suicidio de Emma Beck resuenan al otro lado del charco y trascienden fronteras raciales y de clase y límites generacionales. Estaba destrozada a causa de la ruptura con su novio, que no quería los niños. Sufría un intenso dolor debido a su decisión de poner fin a las vidas que se desarrollaban dentro de ella. Y en consecuencia puso fin a la suya propia.
"Nunca debí haberme sometido a un aborto. Ahora veo que habría sido una buena madre", escribió Beck. "Le dije a todo el mundo que no quería hacerlo, hasta en el hospital. Estaba asustada, ahora es demasiado tarde. Morí cuando mis bebés murieron. Quiero estar con ellos; nadie más que ellos me necesita."
La familia de Beck culpa al estamento médico. El sistema judicial, como ocurre con tanta frecuencia, se ha convertido en un mecanismo de desahogo. Un tribunal británico celebró recientemente una audiencia sobre el suicidio de Beck. La madre de Beck desveló que a su hija "no se le dio la oportunidad de ver a un consejero". Pero ¿no están acaso las madres para eso si no hay un "consejero" profesional a mano?
Pero no son sólo los cínicos médicos abortistas o las enfermeras, los consejeros desaparecidos en combate o los padres negligentes quienes necesitan mirarse al espejo. Durante décadas, hemos tolerado una cultura de insensibilidad y alimentado un derecho social a la conveniencia. Las feministas exigen silencio a las mujeres que se arrepienten después de abortar. Los fanáticos del control de la población y de la planificación familiar se lo meten en la cabeza a jóvenes de todo el mundo: Cuantos menos, más felices o ¿Por qué llevar más cargas? son los eslóganes de sus camisetas y pegatinas.
El otoño pasado, en la patria de Emma Beck, la prensa británica se deshacía de gusto con una ecologista descerebrada que se sometió a un aborto y se hizo una ligadura de trompas " para proteger el planeta ". Según sus declaraciones al periódico londinense Daily Mail: "Cada persona que nace consume más comida, más agua, más espacio, más combustibles fósiles y más árboles, y genera más basura, más polución y más gases de efecto invernadero. Además, contribuye al problema de la superpoblación."
Esto vino después de que un laboratorio de ideas británico publicase un informe sobre lo malos que son los niños para el medio ambiente . John Guillebaud, catedrático de planificación familiar del University College de Londres, dijo: "El efecto sobre el planeta de tener un hijo menos es de una magnitud mayor que todas estas otras cosas que podemos hacer, como apagar las luces... Lo mejor que cualquiera en Gran Bretaña puede hacer para ayudar al futuro del planeta es tener un hijo menos."
¿Y quién recibe espacios privilegiados de opinión en el periódico de referencia de Estados Unidos para hablar del aborto? Idiotas como el profesor adjunto auxiliar de la Universidad de Iowa Brian Goedde, quien en un ensayo publicado en el New York Times hace unos cuantos meses compartía los dichosos pensamientos que rodearon su Nochevieja antes del aborto de su novia: "El aborto está programado para dentro de dos días, y estamos follando como locos", recordaba. "Lavamos los platos, nos lavamos los dientes, nos metemos en la cama y tenemos sexo sin protección. 'No me voy a quedar más embarazada de lo que estoy', dice Emily. Nunca he sentido placer con mayor sensación de culpabilidad."
Lo que rara vez se escucha son las voces que dicen que esa autocomplacencia es un error. Lo que rara vez se lee son noticias de mujeres (y hombres) desconocidos en todo el mundo que saben que la pretenciosa elección que hicieron estuvo mal, y ahora necesitan ayuda. Lo que rara vez se ve son los estudios que demuestran que el aborto conlleva costes y consecuencias de por vida (altos niveles de estrés postraumático, depresión, pena, culpabilidad, ostracismo, culpa y, al menos en un estudio en Finlandia, tasas de suicidio más elevadas).
Aquí en Estados Unidos este mensaje lo difunden grupos dedicados a la prevención del aborto, como el Instituto Nacional de la Familia o Life Advocates (Abogados de la vida), que proporciona equipos de ultrasonidos y formación para abrir "una ventana al útero" para mujeres con embarazos problemáticos, y organizaciones que tratan el post-aborto como Silent No More (No más silencio). Para combatir a quienes glorifican el aborto, la campaña Silent No More Awareness intenta que la población sepa que el aborto es emocional, física y espiritualmente perjudicial para las mujeres y para otros; se dirige a mujeres que sufren a causa de un aborto y les hace saber que existen ayudas disponibles. E invita a las mujeres a unirse a nosotras contando la verdad sobre las consecuencias negativas del aborto.
Lo que Emma Beck más necesitaba escuchar es el mensaje que los proabortistas están desesperados por ahogar: no estás sola.
En español:
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_42383.html
En inglés:
http://michellemalkin.com/2008/02/27/the-suicide-of-emma-beck-and-silence-no-more/
En Argentina:
http://www.diario7.com.ar/nota_completa.php?id=6419
SILENCIADOS LOS TRASTORNOS POST-ABORTO EN LA PSIQUIS DE LA MUJER
ROMA, martes 2 octubre 2007 (ZENIT.org).- Dada la extrema frecuencia del aborto «legal» –26 millones al año en el mundo–, es sorprendente que «todavía hoy no se tomen adecuadamente en consideración los efectos que la “interrupción voluntaria del embarazo” [IVE] determina en la psiquis de la mujer».
Es la alerta de dos especialistas, el profesor Tonino Cantelmi –psiquiatra y psicoterapeuta- y Cristina Carace –psicóloga clínica–, en una intervención enviada a Zenit acerca del síndrome post-aborto.
Autores de publicaciones sobre la materia y responsables del Centro para el Tratamiento del Síndrome Post-aborto –con sede en Roma–, los dos advierten de que cada vez se está evidenciando más –científicamente- la repercusión aborto en la aparición de trastornos psicológicos.
Los efectos psicológicos del aborto «son extremadamente variables y no parecen estar determinados por la educación recibida o por el credo religioso», apuntan.
«La reacción psicológica al aborto espontáneo y al aborto voluntario es distinta»; está relacionada –aclaran— con las características de cada uno de estos sucesos: «el aborto espontáneo es un evento imprevisto e involuntario, mientras que la IVE [aborto provocado interrumpiendo el desarrollo del embrión o del feto y extrayéndolo del útero materno] contempla la responsabilidad consciente de la madre».
Decisión irreversible en plena vulnerabilidad de madre e hijo
«El embarazo es un momento extremadamente delicado en la vida de una mujer», caracterizado «por una vivencia psíquica y emocional muy particular, pues desde el momento de la concepción se verifican en la mujer una serie de cambios no sólo físicos, sino sobre todo psicológicos», recuerdan Cantelmi y Carace.
Y es que «convertirse en madre presupone una adecuación de la propia identidad en el paso del papel de hija al de madre», un proceso que «comienza con la concepción» y que tienen muchos momentos de «gratificación y entusiasmo», pero «inevitablemente también de sentimientos de angustia».
En conjunto, en la futura madre ello indica «mayor necesidad de seguridad y de afecto para poder trabajar la ansiedad que acompaña este proceso transformador que lleva a la mujer a abandonar una condición conocida para afrontar otra completamente nueva», apuntan los especialistas.
También de lo anterior se deduce el impacto y la crisis que puede representar en la vida de una mujer descubrir que se espera un niño «cuando esto sucede en condiciones poco favorables», añaden psiquiatra y psicóloga.
«El vínculo madre-feto comienza inmediatamente después de la concepción también en las mujeres que proyectan abortar –recalcan–, en cuanto que los procesos psicológicos sustantivos a esta relación precoz son inconscientes y van más allá del control consciente de la madre».
Así, «una mujer, frente a la elección de llevar a término o no el embarazo, vive sentimientos ambivalentes y extremadamente dolorosos que la dejan muy vulnerable a cualquier influencia, tanto interna como externa», subrayan.
«La fragilidad psicológica en la que se encuentra, de hecho, la lleva a tener menos confianza en aquello que piensa y en la capacidad de lograr tomar la decisión adecuada; por esto se verifican, con demasiada frecuencia –constatan–, situaciones en las que padres, compañeros, amigos, personal sanitario u otras figuras significativas pueden tener una grandísima influencia en la decisión final».
Así que, «pensando que abortar puede ayudarle a sentirse mejor» o puede contribuir «a volver a poner las cosas en su sitio», la mujer «se puede encontrar con que toma una decisión que no se corresponde a una elección consciente y que sucesivamente puede provocar graves sentimientos de arrepentimiento», explican.
El «día después» del aborto voluntario
Ambos especialistas concuerdan en que, inmediatamente después del aborto, la mujer puede experimentar una reducción de los niveles de ansiedad, pues decae el elemento ansiógeno constituido por un embarazo indeseado; pero sucesivamente «muchísimas mujeres viven una ansiedad mayor, presentando trastorno de estrés post-traumático, depresión y mayor riesgo de suicidio y abuso de sustancias».
«Estos trastornos se deben a un profundo sufrimiento que atenaza a la mujer que ha abortado voluntariamente y pueden manifestarse también bastante tiempo después del aborto, para luego durar a veces varios años», confirman.
El rasgo traumático del aborto voluntario procede del hecho –puntualizan– de que «cuando la mujer descubre que espera un niño no lo considera sólo un “embrión” o un “montón de células”, sino el propio hijo, un ser humano pequeño e indefenso que está creciendo dentro de su propio cuerpo, de forma que abortar significa permitir que se mate de manera voluntaria el propio niño».
Un porcentaje considerable de mujeres que han abortado desarrolla el trastorno de estrés postraumático, cuyos síntomas son «recuerdos desagradables, recurrentes e intrusivos de la IVE que se manifiestan en imágenes, pensamientos o percepciones; sueños desagradables y recurrentes del suceso; sensación de revivir la experiencia del aborto a través de ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos en los que a través del “flashback” resurge el recuerdo; malestar psicológico intenso a la exposición de factores desencadenantes internos o externos que simbolizan o se asemejan a algún aspecto del evento traumático, como el contacto con recién nacidos, mujeres embarazadas, volver al lugar donde se practicó la IVE o someterse a una exploración ginecológica; evitación persistente de todo estímulo que pueda asociarse con el aborto», enumeran los especialistas.
Ya se empiezan a definir estos trastornos como «síndrome post-aborto» –subrayan–, que muy frecuentemente además «evoluciona en una vivencia de dolor y temor que determina cambios en el comportamiento sexual, depresión, incremento o inicio de consumo de alcohol u otras drogas, cambios del comportamiento en la alimentación, trastornos somáticos, aislamiento social, trastornos de ansiedad, pérdida de autoestima, ideación suicida e intentos de suicidio».
«Todos estos trastornos pueden manifestarse también varios meses después de la intervención, en el aniversario de la IVE o en el del hipotético nacimiento del niño», sin olvidar que las mujeres que han abortado anteriormente «pueden seguir teniendo sentimientos de culpa o depresión ligados a tal aborto, incluso durante los embarazos sucesivos», advierten el profesor Cantelmi y la psicóloga Carace.
DUELO POR EL BEBÉ QUE SE FUE AL NACER
Los psicólogos recomiendan a los hospitales mejorar la atención a los padres en los casos de muerte perinatal
El País, JOAN CARLES AMBROJO - Barcelona - 16/01/2007 La Generalitat de Cataluña está elaborando un protocolo de atención humanizada del infante hospitalizado (desde el parto a la adolescencia) en el que se propone incluir la atención que debería darse a los padres en las muertes perinatales, explica Ramon Prats, de la Dirección General de Salud Pública. En España se producen 5,6 muertes perinatales por cada 1.000 nacidos vivos. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2004 las muertes fetales tardías (nacidos muertos con más de 500 gramos de peso) y los fallecidos en las primeras 24 horas representaron el 80% del total de muertes perinatales.
Han pasado cinco duros meses y Gemma Villacampa sigue destrozada por la muerte de Hugo, un bebé que murió a las cuatro horas de haber nacido "de forma inexplicable" según le dijeron en la clínica barcelonesa donde dio a luz. Esta joven madre de 30 años de Viladecans (Barcelona) y su marido, Ángel Rubio, de 33 años, están de baja por estrés y sienten una profunda desesperación, rabia y dolor, no sólo por el fallecimiento de su primer bebé, sino por cómo les trataron en el hospital. "No me han explicado qué pasó, no me dejaron ver el cuerpo, ni me pude despedir del bebé", lamenta Gemma.
Las muertes perinatales -aquellas que se producen en la última fase de la gestación o en los siete primeros días de vida- han disminuido en España. Pero el trato que reciben las parturientas y las familias es a menudo de indiferencia, cuando no de maltrato, señala la psicóloga Alba Payàs, especializada en terapias de duelo.
Pese a que la muerte perinatal sigue siendo un tema tabú y a que los padres no siempre reciben una atención adecuada, "no es una cuestión que tengamos encima de la mesa: cada hospital tiene la libertad para actuar como crea oportuno", afirma Juan Carlos Melchor, presidente de la Sociedad Española de Medicina Perinatal.
"La muerte de un recién nacido* es una situación que se ha afrontado hasta ahora negándole importancia, con bastante indiferencia. Los hospitales han tendido a minimizar el impacto que estas muertes tienen sobre los padres porque piensan que al no haber conocido al hijo, es como si no tuvieran derecho a realizar un duelo por el bebé muerto", sostiene Alba Payàs. En Estados Unidos se les denomina "duelos desautorizados": no pueden ser públicamente reconocidos ni socialmente expresados. "La pareja se siente desautorizada para hablarlo porque no ha habido nacimiento, bautizo o entierro; el niño no tiene nombre, no quedan fotos ni recuerdos, nada que pudiera avalar su existencia. Sin embargo, el niño es su hijo desde la concepción, en la imaginación, en las expectativas y esperanzas de los padres y de la familia", añade Payàs.
En España es tan habitual la indiferencia, que llega a resultar cruel. "No hay respuesta por parte del equipo médico", dice la psicóloga. Así lo confirma Gemma a partir de su propia experiencia: "La ginecóloga asintió a regañadientes a dar la triste noticia a mi mujer, pero no le dejó ver al pequeño", dice Ángel. Lo peor estaba por venir. Al día siguiente, les visitó un jefe del servicio: "Me dijo que lo olvidara y que no me preocupara, que era joven y que podía tener otros hijos", cuenta Gemma. Ahora está en tratamiento psicológico y empieza a no evitar a familiares y conocidos "porque me daba vergüenza no tener el niño para presentárselo".
Para evitar casos como éste, el Hospital de Santa Caterina en Salt (Girona) creó hace un año un protocolo de actuación para enfermería del Servicio Materno-infantil. Así lo explica la enfermera Lluïsa Vilardell. "Hace cinco o seis años, que los padres vieran al niño muerto se consideraba algo monstruoso. Se sedaba a la madre para que en el momento de expulsar al bebé no lo viera, como si no hubiera pasado nada. Eso generaba en los padres gran cantidad de dudas. Con el nuevo protocolo, las cosas han cambiado mucho. La forma de presentar el cuerpo, de hablar con la madre, de ofrecerle la posibilidad de estar con el pequeño unos momentos, de tener algún tipo de recuerdo e incluso de recibir ayuda de un psicólogo hacen más llevadero el duelo. "Y nunca juzgamos sus decisiones", añade Vilardell.
El ejemplo ha trascendido. A los dos días de nacer, la pequeña Núria tuvo que ingresar en la Unidad de Cuidados Intensivos del Servicio Maternoinfantil del Hospital Universitario de Girona Dr. Josep Trueta. "Los médicos comunicaron a los padres que la criatura estaba muy mal, que se moría. Y le ofrecieron ayuda psicológica", cuenta la enfermera de neonatología Maria Reixach.
"Salieron de la consulta del psicólogo con pena pero con serenidad. Fueron a la UCI, se pusieron las batas y se despidieron de su hija. Lloraron, la cogieron en brazos y le estuvieron hablando. Luego la sacaron fuera, para enseñarla y que la familia también pudiera despedirse de ella. Nos comentaron que estaban muy agradecidos por el trato", explica Reixach. "Llevo 26 años en neonatos y durante mucho tiempo, lo normal era tratar de evitar que los padres vieran al bebé muerto. '¡Tiene un color muy feo!", les decíamos.
La psicóloga Cristina Silvente trata a numerosas parejas que no han recibido una atención adecuada. Recomienda a los centros sanitarios establecer protocolos de intervención para estas situaciones y formar a los profesionales para que sepan dar las malas noticias de forma más adecuada. De lo contrario, las secuelas no tardan en aparecer: insomnio, ansiedad, sentimientos de culpa.
El próximo 1 de febrero, el CEAPP-Servicio de Soporte al Duelo de Girona organiza en la Escuela Universitaria de Enfermería Santa Madrona de Barcelona un seminario sobre Muerte perinatal. El ginecólogo Santi Bosch del Hospital de Santa Caterina reconoce que a los médicos les cuesta actuar con empatía y recomienda no tener prisa a la hora de dar la mala noticia: se ha de preparar a los padres y responder a todas sus preguntas.
* Lo mismo es aplicable a un niño abortado.
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